Evangelio de San Mateo 8, 1-4.
Aquí
se nos revela lo maravilloso del corazón de Jesús. El debería estar predicando
a grandes multitudes; ¡pero se dedica a sanar un leproso! El leproso era
despreciado, temido, un don nadie, pero se vuelve el objeto de una atención
divina. Señor, déjame ser el leproso ahora: por unos momentos déjame
experimentar el misterio bendito de ser amado y sanado. Y luego déjame
encontrar a otro que sea un don nadie, y demostrarle mi amor y cuidados. Así el
milagro de hoy se hará presente en mi lugar y mi tiempo.
Catequesis Parroquial.
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