Aspectos Católicos de índole Universal, Nacional, Local y Parroquial
05 noviembre 2020
Evangelio del día 05 de Noviembre de 2020
EVANGELIO, TOMADO DE SAN LUCAS (15,1-10).- Hoy, el evangelista de la misericordia de Dios nos expone dos parábolas de Jesús que iluminan la conducta divina hacia los pecadores que regresan al buen camino. Con la imagen tan humana de la alegría, nos revela la bondad de Dios que se complace en el retorno de quien se había alejado a causa del pecado. Es como un volver a la casa del Padre, el Señor no vino a condenar el mundo, sino a salvarlo y lo hizo acogiendo a los pecadores que con plena confianza se acercaban a Jesús para oírle, ya que él les curaba el alma, como un médico cura el cuerpo de los enfermos.
Los fariseos se tenían por buenos y no sentían necesidad del médico, y es por ellos -dice el evangelista- que Jesús propuso las parábolas que hoy leemos. Si nosotros nos sentimos espiritualmente enfermos, Jesús nos atenderá y se alegrará de que acudamos a Él. Si, en cambio, como los orgullosos fariseos pensamos que no es necesario pedir perdón, el médico divino no va a obrar en nosotros.
Sentirnos pecadores lo hemos de hacer cada vez que recitamos el Padrenuestro, ya que en él decimos “perdona nuestras ofensas” .... ¡Y cuánto hemos de agradecerle que lo haga! ¡Cuánto agradecimiento también hemos de sentir por el sacramento de la reconciliación que ha puesto a nuestro alcance tan compasivamente! Que la soberbia no nos lo haga menospreciar. San Agustín nos dice que Jesucristo, Dios Hombre, nos dio ejemplo de humildad para curarnos del “tumor” de la soberbia, “ya que gran miseria es el hombre soberbio, pero más grande misericordia es Dios humilde”.
La invitación pues que debemos asumir hoy en medio de esta tempestad que nos arropa a todos, donde la única vía es buscar la medicina, el médico, para aliviar nuestra enfermedad corporal, es la de volver los ojos a al “médico divino” que mencione anteriormente, alejar de nosotros todo lo que nos hace daño al cuerpo y el alma, aceptar la lección que Jesús da a los fariseos que es ejemplar también para nosotros; no podemos alejar de nosotros a los pecadores. El Señor quiere que nos amemos como él nos ha amado y hemos de sentir gran gozo cuando podamos llevar una oveja errante al redil o recobrar una moneda pérdida.
Neida Méndez – Proclamadora de la Palabra parroquial.
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